La Reforma Matemática de 2012 en perspectiva

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Esta reforma matemática representó un salto “cuántico” en la enseñanza y aprendizaje de las Matemáticas en Costa Rica. La ruptura con paradigmas educativos generales y planteamientos tradicionales (e incluso prejuicios en ciertos sectores profesionales) sobre la naturaleza de las Matemáticas y su enseñanza, no podía dejar de engendrar muchas consecuencias.

En ruptura con paradigmas del pasado

Este currículo asumió tendencias internacionales relativamente novedosas en el mundo en torno al papel de las habilidades y capacidades cruciales para responder a los desafíos de la sociedad de la información y el conocimiento y a los serios problemas de un mundo más globalizado, internacionalizado, y además en desequilibrio con el ambiente. El pragmatismo requerido en los constructos curriculares apuntaba a una visión de formación para toda la vida, con mayor autonomía y crítica de los sujetos, con mayor peso de los contextos y con un lugar clave para la comunicación y las tecnologías modernas. Una visión de cara hacia adelante. Y eso difería drásticamente con lo que teníamos en los currículos anteriores.

La nueva perspectiva no podía materializarse usando los paradigmas educativos que habían predominado antes, que enfatizaban listados de contenidos con bastante desarticulación y que tenían fuerte influencia del Conductismo. Durante décadas estos paradigmas marcaron documentos, reglamentos, cursos, y sobre todo idearios de diversos protagonistas del sistema educativo. La ruptura con esos modelos de pensamiento colocaba al nuevo currículo en contradicción radical con el statu quo, con palabras de Michèle Artigue en 2018: era una profunda “perturbación ecológica”. El currículo se basó en una visión teórica distinta sobre la naturaleza de las Matemáticas y su enseñanza. Y todo esto tenía consecuencias para los diversos agentes educativos dentro y fuera del MEP, se generó un proceso de disrupción en la inercia educativa.

En el seno del Consejo Superior de Educación, desde el 2012, se afirmó que se trataría de una verdadera “cruzada nacional” dadas las implicaciones amplias y profundas que tenía este currículo. Y no se equivocaban.

Capacidades superiores y resolución de problemas

Las capacidades cognitivas superiores y el trabajo mediante habilidades alrededor de los conocimientos encontraron una formulación especial cuando en los Programas del 2012 se planteó la “Resolución de Problemas” como una estrategia que sirviera para condensar muchos de los propósitos curriculares. Considerarla como una estrategia y no solo una generalidad (una meta abstracta o un fin casi intangible) con la que todos estarían de acuerdo ya avanzaba en la ruptura de paradigmas, pues esta se instrumentalizaba mediante un modelo pedagógico preciso que incluía dos etapas (una para construir aprendizajes, y otra para movilizar y aplicar esos aprendizajes) y cuatro pasos en la mediación pedagógica.

A la metodología de enseñanza, se añadió el énfasis en contextos reales. Y otros ejes disciplinares (énfasis estratégicos) completaban la “madera” del nuevo currículo: uso inteligente de tecnologías, uso de historia de las matemáticas, y con especial significado el cultivo de actitudes y creencias positivas sobre las Matemáticas y su enseñanza. Estos ejes adquieren un relieve especial en la crisis nacional que tenemos en 2022.

De cara al futuro

El nuevo currículo fue pensado con una mirada de futuro. Efectivamente, asumió lecciones y experiencias internacionales sintonizadas con la realidad nacional, sin embargo, debe subrayarse: no se pensaba en una realidad estática, o peor aun: con una mirada anclada en el pasado. Se asumió una realidad nacional en movimiento, donde algunos factores locales y externos impactarían el escenario. Por ejemplo, el papel que se les dio a las tecnologías (lo que en un inicio recibió cuestionamientos de algunos funcionarios ministeriales, y hasta dependencias universitarias), asumía no el contexto del 2010 sino uno que ahora en el 2022 se ve con otra mirada. Se apostó a que los programas universitarios de formación docente avanzarían en su sintonía con el nuevo currículo (lo que se ha hecho especialmente en instituciones públicas) y, por otro lado, a que el MEP iba a tensar adecuadamente sus sistemas de asesoría, monitoreo y desarrollo profesional (y se ha avanzado) para apoyar la implementación curricular. Se asumió que el país, aunque lentamente, se iría ajustando cada vez más a parámetros internacionales de desarrollo (Costa Rica ingresó en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos) y educativos de la mayor calidad.

Y, por otro lado, se apostó a que el mismo currículo de Matemáticas pudiera ser un factor activo de un cambio educativo más amplio. Aunque sin perder de vista el presente, los ojos estaban puestos en el futuro.

Muchas de estas cosas sucedieron, pero también no contábamos con un “apagón educativo” que obliga a modular muchas de las estrategias de implementación.

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