Bicicletas, pandemia y educación

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En el 2019, hubo en Francia una poderosa huelga en el transporte público: parálisis de trenes, buses, metro, y muchas limitaciones para la movilidad colectiva. Para responder ante la situación crítica centenares de miles acudieron a las bicicletas como medio de transporte. La huelga acabó, pero, lo que es la vida social, una gran cantidad de franceses han seguido usando sus bicicletas. Se trata de medidas ante la emergencia que llegaron para quedarse, de una u otra manera. ¿Qué sucederá cuando empecemos a superar esta terrible pandemia? ¿Habrá “bicicletas” que seguiremos usando en la educación?

Es muy difícil asegurar algo cuando lo que predomina es la incertidumbre, todo dependerá de lo que hagamos, y cualquier cálculo erróneo generará retroceso y más víctimas individuales y colectivas. Pero también estamos obligados a indagar sobre la siguiente “normalidad”.

El teletrabajo que había sido tan difícil de incluir en la vida laboral, ahora se ha vuelto imperativo y se ha multiplicado como nunca para actuar en el distanciamiento social y las diversas cuarentenas. Para lidiar con la COVID-19, y de un sopetón, se ha vuelto el estándar casi diario acudir a Zoom, Skype, WhatsApp, Teams y a tantas otras plataformas virtuales para nuestras labores. Está claro que la educación incluirá el teletrabajo y el telestudio, y también, con fuerza, una acción virtual en todo que nunca ha sido vista. Serán “bicicletas” en el futuro cercano. Pero: ¿cómo actuarán?

A pesar de lo que golpea a la vista con tanta fuerza, no debemos perder la realidad: estas “bicicletas” correrán en un escenario en el cual la acción presencial será siempre mayoritaria, en particular en el trabajo educativo directo con niños y muchachos. La escuela de manera presencial no podrá ser sustituida por teletrabajo, telestudio o por múltiples alternativas virtuales. No obstante, la presencialidad deberá tener otras características que desde ahora nos toca vislumbrar. Se tratará de otra presencialidad; y configurarla no es un asunto local sino uno que invoca el testimonio de buenas prácticas que ya están o se irán desarrollando en el planeta. Al fin y al cabo, todos estamos viviendo la pandemia y buscando las mejores respuestas.

Esta crisis ha mostrado condiciones fuertes de Costa Rica. Por ejemplo, una población educada que ha acatado mayoritariamente las medidas sanitarias, un sistema universal de salud robusto, universidades con profesionales e investigadores de altísimo nivel científico, docentes comprometidos en todo el país que han acudido a múltiples medios para atender a sus estudiantes. Hemos visto a un MEP sustituyendo los comedores estudiantiles con nuevos mecanismos para beneficio de miles de familias, y debemos subrayar: un MEP que en poquísimo tiempo ha concertado con éxito funcionarios, docentes, estudiantes, plataformas y mecanismos para compensar las consecuencias del distanciamiento obligatorio. No sobra mencionar como otra fortaleza nacional la amplia solidaridad de instituciones, comunidades, asociaciones, individuos, y empresas para apoyar a los que viven esta pandemia con más dificultades. A pesar de las carencias que ha habido y las que habrá, debemos sentirnos orgullosos de estas respuestas nacionales que evidencian fortalezas que muchas veces no se percibían.

La crisis, sin embargo, también ha desnudado algunas de nuestras debilidades. Golpea los ojos y la conciencia la evidente desigualdad social que hace que el “quedarse en casa” no sea lo mismo cuando se vive hacinado o en 40 metros cuadrados de casa. Ha evidenciado la brecha digital que impide que todos podamos acceder con igualdad de oportunidades a Internet, a recursos virtuales y, más en general, a ambientes familiares que favorecen el progreso cultural. Se manifiesta lo que sabemos: hay varias Costa Ricas que viven en mundos paralelos.

La crisis ha mostrado que, a pesar de los buenos esfuerzos, la estructura educativa no estaba preparada para responder con recursos suficientes y con plenas competencias profesionales a las duras demandas que esta situación ha colocado a nuestra educación. ¿Qué está aprendiendo realmente la mayoría de nuestros muchachos en sus entornos? ¿Hay una auténtica educación virtual con la interacción y la gestión de entorno de enseñanza-aprendizaje como se debe? Las respuestas son si duda variadas pues la situación por supuesto no es la misma para instituciones públicas que privadas, o para todos los niveles educativos por igual, o para las diversas regiones, o para los hogares donde hay diferencias socioeconómicas. Esto no obstante hay que mirarlo en perspectiva histórica: no solo la educación no estaba preparada, tampoco el país y, sin duda, tampoco el planeta.

Podemos, por ejemplo, reconocer fortalezas en las universidades, especialmente las públicas, que han destinado años a la educación a distancia y a la acción virtual. O subrayar los importantes aportes de la Fundación Omar Dengo. Indicar la constante y creciente penetración nacional de Internet gracias al ICE. No obstante, hoy la situación ha colocado a todas estas instituciones y al país de forma drástica contra la urgencia. Y salen a flote asuntos que deberemos abordar. A la luz de lo que vivimos debemos preguntarnos:

  • ¿Tuvieron los docentes de secundaria y primaria en su paso por las aulas universitarias, la preparación adecuada para poder utilizar y gestionar educación virtual?
  • ¿Cuánta capacidad para la capacitación docente “no presencial” habíamos instalado?
  • ¿Cuánta preparación hemos dado a nuestros estudiantes para trabajar con los entornos virtuales educativos?
  • ¿Cuánta infraestructura nacional habíamos construido para tener las autopistas que permitan que corran bien las nuevas bicicletas?
  • ¿Hemos incluido adecuadamente las perspectivas tecnológicas y de virtualidad en nuestros sistemas de acreditación o de contratación profesional en el MEP? ¿En el Servicio Civil?

Las repuestas a estas interrogaciones parecen darnos un insuficiente.

Direcciones Regionales de Educación, Costa Rica

Esta primera pandemia hace un “zoom” de la realidad. Y se deberán tomar decisiones. Acciones con un éxito insospechado que han emergido hoy como transitorias, ahora deberían tener larga vida, dimensiones fuertes deberán potenciarse aun más. Habrá que fortalecer las acciones y proyectos educativos que se han colocado en la perspectiva histórica de una sociedad del conocimiento y la tecnología, pero, de igual manera, realizar los ajustes para que quienes hasta ahora solo han mirado hacia atrás coloquen sus esfuerzos en otra dirección.

Esta crisis nos ha obligado como país a perentorias acciones para enfrentar la emergencia, pero de cara al futuro nos empuja a mucho más: a repensarnos y reinventarnos. La agenda nacional para la educación que hemos enunciado durante muchos años puede encontrar ahora la posibilidad de avanzar como nunca se pudo, en tiempos y con ritmos muy intensos. Tal vez tengamos enfrente la oportunidad de vivir una auténtica revolución educativa, si hacemos bien las cosas.

Este es el primero de dos artículos sobre la educación y las matemáticas en el escenario de la pandemia que atraviesa la humanidad. Le invitamos a leer el segundo: Bicicletas, pandemia y matemáticas.

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