No se debe caer en la trampa de “machetear” el currículo

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Antes de los Programas del 2012 se concebía la preparación matemática de la primaria y secundaria de una manera muy limitada, a veces con énfasis en los aspectos procedimentales y otras veces con un exceso en dimensiones formales de las matemáticas.

Ahora se entienden las cosas de otra manera: se asume una competencia matemática general como comprensión, dominio y aplicación de las Matemáticas en diversos contextos de la vida (profesionales, sociales, personales, científicos). Y no es un asunto de contenidos específicos, pues estos podrían encontrarse fácilmente con Google o cualquier plataforma de búsqueda. Se trata especialmente de las capacidades que se desarrollan cuando se estudia matemáticas.

Esta es una perspectiva muy cercana a la que tiene la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en sus Pruebas PISA. Es la primera reforma curricular que se da en Costa Rica con esta perspectiva. Se invoca un “sentido de realidad” y que las Matemáticas sirvan para la vida.

Pero, y esto debe entenderse muy bien: en estos Programas no se desdibuja la naturaleza abstracta y el cultivo del razonamiento riguroso de las Matemáticas, que son consubstanciales a esta disciplina.

No se trata de simplificar ni mucho menos “machetear” las Matemáticas, pero sí darles significados apropiados que apoyen el fortalecimiento de las capacidades cognitivas superiores de la ciudadanía, demandas esenciales en el escenario que vivimos.

Ante la crisis educativa, el “apagón”, ya se escuchan propuestas curriculares de que hay que reducir los programas y volver instrumentales “para la vida” las Matemáticas. Orientaciones de ese tipo serían muy graves. Nuestros Programas ya poseen una perspectiva de realidad de las Matemáticas y su enseñanza, que se sintoniza con las mejores tendencias internacionales en estas disciplinas. Sin duda, en estos tiempos, habrá que priorizar tópicos y competencias, pero eso se debe hacer con la precisión del cirujano, si se ocupa cortar se debe usar un bisturí y no un machete.

No se debe caer en la trampa de “machetear” el currículo, reducirlo a una mínima expresión, para disque abordar el apagón educativo. Sería un error de proporciones históricas, que lamentaríamos por mucho tiempo.

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